¿Alguna vez te has preguntado si es posible traducir el humor?

La traducción audiovisual en sí ya es todo un desafío, por las referencias culturales, la adaptación, etc. Pero sí entra en juego el humor, esto puede suponer un reto aún mayor porque, ¿es traducible el humor? Vamos a descubrirlo.

El humor suele tener dificultades a la hora de traducir, sobre todo porque normalmente existen referentes culturales en la lengua origen. En las versiones originales de algunas películas aparecen chistes que a menudo pueden ser de una cultura específica. El traductor tiende a sacar su parte más creativa para llegar a la lengua meta, de manera que haga reír al público al que va destinado y por supuesto no pierda la esencia del contexto. Esto provoca que no sea fácil mantenerse fiel al original, ya que para lograr el efecto humorístico que se busca, suelen añadir o hacer omisiones en parte del mensaje. Cabe destacar que, en este punto, la creatividad es algo fundamental y que al final, el humor y el ser creativo van de la mano.

Todas las culturas del mundo conocen el humor, el reírse es algo que está en cada uno de nosotros, pero, aunque sea universal, es un elemento que en la mayoría de ocasiones no tiene una equivalencia directa.

El humor tiene un enorme componente cultural y social, pero es universal en los siguientes aspectos: la capacidad que tenemos las personas para comprenderlo y crearlo de forma independiente y su estatus cultural o social. La traducción humorística no solo requiere la habilidad del traductor sino también un conocimiento lingüístico y una creatividad especial. La comprensión de los chistes traducidos, por ejemplo, reside en la naturalización del humor. En la mayoría de los casos, la eficacia del humor radica en el siguiente hecho: el emisor y el receptor comparten las mismas referencias culturales y lingüísticas. Por tanto, la traducción de chistes suele tener como objetivo provocar humor para que las referencias sean compartidas por el público.

Un ejemplo puede ser la labor que hace María José Aguirre de Cárcer cuando traduce los guiones de los Simpson. En España, se conoce lo de «multiplícate por cero» de Bart Simpson porque al final es algo ingenioso, poco ofensivo, ya que es muy sutil y en el contexto que lo puede decir el personaje resulta gracioso para el espectador, hasta el punto en el que lo añade al vocabulario que utiliza en su día a día.

Cuando dos culturas comparten referencias, la tarea de la traducción se simplifica (pero esta situación no suele ser común), por lo que la técnica más utilizada es la adaptación. En estos casos, el significado es obviamente distinto, pero la intención es que no quede indiferente para la audiencia.

Cuando la traducción directa no es posible, debido a que no existe un paralelismo y estructura similar entre el idioma de origen y el idioma de destino se utilizan diferentes métodos de traducción. Procedimientos básicos como préstamos, transposición, calcos, modulación o adaptación. En este caso, se suelen centrar en la adaptación como herramienta principal, otros autores lo llaman «equivalencia cultural».

En el caso de las comedias es fundamental para el éxito de la producción cinematográfica que logre provocar la risa de los espectadores en cualquier lengua a la que se doble. La traducción del humor requiere un proceso complejo de transformación e imaginación. También está el hecho de que uno tiene que entender la cultura, los hechos sociales, las creencias y las actitudes para comprender mejor la esencia de los chistes, y que, en ocasiones, las bromas pueden representar la situación social en la que tienen lugar y tener en cuenta que no todo el mundo comparte el mismo humor.

El sentido del humor y la creatividad son necesarios en nuestra vida y hoy en día, contamos con muchos profesionales de la traducción que consiguen que el mensaje llegue para quedarse.

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